jueves, 13 de abril de 2017

Más enseñanzas sobre la cría de un ser humano (Cachorro de Humano 3)

Domingo por la mañana, sol intenso y calor tras varios días de invierno. Me gusta el sol, lo necesito. Salgo a correr, a llenarme de luz y, cómo no, a cazar Pokémons.
Para entretenerme (mi cerebro, como la Historia y la Literatura, rechaza los espacios en blanco) pillo al vuelo retales de conversaciones ajenas y le compongo una historia a cada barcelonés que me cruzo, ‘...y es por eso por lo que no quiero ir. ¡Y punto!', 'Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...' -'… que hierva unos minutos, dos, tres… apagas el fuego y lo dejas reposar un ratito…' - '… pues que no me toque los cojones, que yo por las buenas soy muy bueno…’ mientras le doy al disco de las Poképaradas. Imagino un antecedente y una continuación a esos pedazos, los contextualizo para que tengan sentido, pero hoy tengo una misión mental: decidir dónde llevar a un cachorro de humano de 6 años y que nos divirtamos los dos.
Tras descartar los museos porque me aburren (soy chica de acción, no de contemplación) y todo aquello que refuerce la asociación gastar-diversión, quedan las actividades al aire libre o ir a misa. Actividades al aire libre o misa... hum... dudo (es coña) pero al final decido que hoy me la llevo a la Ciutadella, primero a jugar un ratito en el césped y a hacer gimnasia (le encanta!) y luego a las barcas. Es un menú muy completo: acción, aire libre, interacción, solete... Y, oiga, no hay infancia digna de llamarse como tal sin barcas. 

Llego a casa de la cría de humano para recogerla. Está ubicada en un barrio de aquellos realmente pintorescos y multiculturales, lleno de contrastes: edificios nuevísimos de protección oficial, edificios nuevísimos y además modernísimos y lujosísimos de grandes corporaciones, centros comerciales para plebeyos, naves industriales, la mayoría desocupadas, 'casas baratas', muchas de ellas tapiadas puertas y ventanas (no sé si para evitar que entren okupas o para impedir a los fantasmas salir), amplias zonas verdes, muchas equipaciones municipales, taburetes en las puertas, motos robadas, muchos quinquis, parados de larga duración, ociosos contemplativos en las esquinas, alcohólicos panzones de camisa abierta y chándal, manguis... ¿cómo se les llama ahora, ciudadanos en riesgo de exclusión social? Nada que no conozca bien pero que ahora me queda muy lejos ya. 
Espero que no me hagan entrar en casa y que no nos líen mucho. Saludarles es un trámite necesario, lo sé, pero me incomodan determinadas actitudes y me pone negra el trato que le dan a la niña.
Sale a recibirme un cachorro, el de perro, una nube de gas tóxico, mezcla de tabaco y hedor corporal, la barriga del padre del cachorro humano con él detrás y los gritos de la pareja de este para que me limpie los pies, que acaba de fregar. Sonrío en un ejercicio necesario de diplomacia. Fregar… El piso está de mierda que sube por las paredes pero es cierto que el suelo está mojado… de algo. Me limpiaré los pies al salir.
Al final del séquito de bienvenida, aparece una enorme sonrisa de dibujos animados pegada a la cara de una niña preciosa. No, no me gustan los niños, solo tolero a esta cría de humano, y eso es porque únicamente la soporto los domingos de 12 a 18h.
Me llena la cara de babas y pone la suya para que la bese, lo hago y nos vamos. Antes le revuelvo el pelillo corto, cortísimo, tan corto como el mío o más. Más adelante os explicaré dónde ha ido a parar su media melenita.
Pues eso, nos vamos. No pregunta, simplemente confía. Resulta de una mansedumbre desasosegante. Supongo que confía en mí lo necesario.

Hoy he aprendido unas pocas cosas más sobre los cachorros humanos:
No es que las ‘cosas de lavabo’ de los niños tengan una ley propia, no. Las ‘cosas de lavabo’ de los niños no tienen ninguna ley, son una puta anarquía.
Un periplo por todos los bares de camino al parque de la Ciutadella, con escala en un zumo de naranja natural y un zumo de piña, en un agua con gas y un zumo de piña, en una tónica y un zumo de piña, en una free damm y un zumo de piña, en cuatro pataletas porque quiere Cacaolat y chuches y en tres pipis* míos para que la niña hiciera pipi… y nada. 
-Es que no tengo.
-¿Pero ni un poquito?
-No.
-Aaaanda, haz un poquito. Porfi, porfi, inténtalo…
-No tengo.
-Porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi, porfi...
-Es que no tengo...
-Y te compro un Kinder!! 
Mierda! He caído en su trampa!!
-Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeno, vaaaaaaaaaaaaaaaaaaale…

Y aquí empieza mi zozobra: ¿tengo que acompañarla? ¿hasta qué edad se acompaña a un cachorro al baño? ¿Se limpian solos? ¿Y qué hago con el ‘equipaje**’ si tengo que acompañarla? No cabemos todos en el lavabo!
¿Gritará ¡¡¡YAAAAAAAAAAAAAAAA!!! desde el baño para que vaya yo a limpiarle? ¿Y qué tengo que limpiar? ¿Y cómo??? ¿Y si la secuestran por el camino??? De aquí al lavabo hay al menos 6 metros!!! El mundo está lleno de pervertidos!
-Oye, ¿tengo que acompañarte?
Me mira y sonríe con los ojos.
-No, ya soy mayor.
-Ya, ya -le digo-, tú sí pero yo no y me da miedo quedarme sola aquí.
Me mira muy seria escrutándome. Yo también a ella. 
-Baaah, Susanika, me estás engañando… -y se ríe con todo el cuerpo. Ya me va conociendo.
-Oye, al acabar límpiate bien el....… la....… el....… el chumi... el coñ… el chirr… el potorr…
-La vulva.
-Eso! La vulva! Que ya no me acordaba del nombre.
Levanta una ceja que expresa inequívocamente que no me cree y me sentencia. Es cierto, soy idiota.
Se va hacia el lavabo poco convencida.
-No toques nada!!! –le grito. Eso me lo decía siempre mi madre así que supongo que es necesario.
Silencio.
3 minutos después:
-¿Ya has mead… digo has hecho pipi?
-No. No tenía.
-¿Pero ni un poquito?
-No. Nada.

Y justo cuando acabas de terminar de instalarte en la hierba, toallas extendidas, zapatos con sus calcetines a buen recaudo, pantalón tejano enrollado hasta la rodilla cortando la circulación de la pierna (soy así de cafre), las bolsas de los bocatas y el agua fresca ubicadas, camiseta de tirantes, pelota inflable inflada, palas y pelotita, remolque de plástico, muñecas y muñecos y cochecitos y barquitas y lápices de colores, cremita… la frase, como una sentencia, que viene a cambiarlo todo, más que una declaración de guerra o de amor:
-Aaaaaaaaaaaaaayyyyyyyy, ¡tengo que ir al lavabo!! ¡Tengo caaaaaaaaacaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!
Mecagoentupadre pienso.
Con esto sí que no contaba yo!!! Caca!!!! Para mí es lo mismo que decir ¡El coco!!!!
-Pero… pero… pero… pero… pero… ¿muchaaaaaaaaa????
-Sí!!
Eah, a correr!

*En los diálogos con los niños, algunas palabras, como esta por ejemplo, sufren un proceso eufemístico que las convierte en llanas. 
**Mi inseguridad me lleva a que sacar de 'ocio' al cachorro humano suponga un despliegue logístico similar a una mudanza: Ropa de repuesto, bocadillos, agüita, toallas, pañuelos de papel, ropa por si hace frío, ropa por si hace calor, ropa por si llueve... y juguetes, entre 15 y 20 kg de juguetes. Y medicinas, claro. Parezco un médico de campaña.


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Señor Rajoy, antes de intervenirnos, cortarnos los suministros, sitiarnos, soltarnos toros de miura y leones, echarnos cosas tóxicas, bombardearnos y demás, recuerde que el Dios de los judíos, Yahvé, dijo que habría perdonado a Sodoma y Gomorra de haber habitado en ellas un solo hombre justo, y tenga presente que el segundo equipo más seguido por los catalanes (catalán es todo aquel que vive y trabaja en Catalunya según los nacionalistas pragmáticos) es el Real Madrid.