viernes, 28 de abril de 2017

El mundo es un lugar fascinante pero muuuuuy peligroso, ¿cómo no me he dado cuenta antes? (Cachorro de Humano 4)

Las entradas sobre Cachorro de Humano no tienen ni de lejos tantas visitas como las que hablan de cerveza, sin embargo, son, para mí al menos, muchísimo más interesantes. Parece lógico: la mayoría de mis contactos son cerveceros y si leen este blog es porque me conocen de vender cerveza. 
No importa.
Este relato lo proyecta una experiencia real y están cobrando, ambos, dimensiones insospechadas. Y lo que queda.
Quienes me conocen un poco más allá de la cerveza, saben lo importante que está siendo esta aventura para mí, tanto el vivirla como el contarla. Quizá es lo que necesitaba.


* * *

Entrada anterior:
Más enseñanzas sobre la cría de un ser humano (Cachorro de Humano 3)

Antecedentes: Es domingo y he decidido llevar a Cachorro de Humano al parque de la Ciutadella. El parque está lleno de gente pero hemos encontrado un huequecito en la hierba. Una vez nos hemos instalado, con todo lo que supone, a la niña le ha entrado caca... sí, caca, así que vuelta a desmontar el campamento y corriendo a buscar un bar.
De vuelta al parque...


El parque está lleno de gente, lleno, llenísimo. Por mi gusto me daría la vuelta, no soporto las aglomeraciones ni el bullicio, pero, claro, si fuera por mí estaría de birras y no en un parque snob rodeada de snobs y cargada con un quintal de juguetes, y es que resulta que no estoy aquí por mí, sino por la niña; y ella está extasiada, nunca ha visto nada igual.  
No soy buena con las descripciones, así que deberá bastar con una acumulación de elementos: Los domingos, si hace bueno, el Parque de la Ciutadella es invadido por familias con niños pequeños, por malabaristas, funambulistas, runners, músicos, globos, bongos y otros generadores de ruidos pseudoculturales, rastas, helados, aros en orejas, narices y lenguas, mascotas exóticas, jipis y fauna de la progresía tan ecléctica que acaba resultando homogénea, por moderneces y modernidades tradicionales importadas de culturas supuestamente más avanzadas que la nuestra, esas tan admiradas por los progres de mi generación, pero también por manifestaciones culturales no tan admirables, etcétera. Todo este variopintismo se distribuye por el parque confusamente, parte paseando, parte consumiendo, parte desparramado en el césped… 
Ha cambiado mucho desde que yo lo frecuentaba, hace 25 años. Por aquella época estaba plagado de gente chunga o marginal, travestis, gais, putas, drogadictos, chulos, manguis, sintechos… El tipo de gente que me atraía, vaya.
El ambiente y el colorido embelesan a la niña. Se le queda prendada la vista del número malabar de un perroflauta: una bola de cristal grande como un melocotón gordo le sube y baja por los brazos como si tuviera vida, pasa por detrás del cuello y desciende por el torso, rodea su cintura y vuelve a ascender hasta el hombro, y de ahí va hasta la mano otra vez. Me mira con los ojos muy abiertos para compartir conmigo el prodigio y se ríe a sacudidas extasiadas, borbotones primigenios. Las estrellitas que le brillan en la mirada a mí se me anudan en la boca del estómago. ¿Cuándo dejé yo de tener capacidad de maravillarme?
La colonia de una chica que pasa me trae de vuelta a alguien que fue muy importante para mí. ¿Dónde andará?
Hace sol.

Tengo un poco de hambre.
Buscamos un nuevo huequecito en los parterres para comernos los bocatas pero está todo abarrotado, más que antes. No encontramos nuestro espacio natural entre los numeritos circenses, las fiestas de cumpleaños, las competiciones deportivas al máximo nivel en la modalidad Pelotita de Velcro en la categoría Panzón Dominguero, las jaurías de perros con pintaza de ser de razas carniceras despiadadas devoraniñas, las hamacas que cuelgan entre dos árboles, los manteles, las formaciones musicales folklóricas, los iPad con reguetón, las gorras con la visera en el cogote, las botellas de 2 litros de calimocho, el Congreso de Fumadores de Porros Dos Papeles, las escenitas tórridas de a tres, etc., etc., etc…
Yo estoy que no me decido entre taparle los ojos o los oídos a la niña o dejarla K.O. para salvar su alma. Pero… pero… pero… ¡Cuántos peligros! ¡¡Y cuánta sinvergonzonería!!  ¿Cómo no me había dado cuenta hasta hoy???

Nos vamos a las barcas, eah, que al menos los patos no fuman porros ni casifollan en público aunque estén en bolas, y ya comeremos después o no comeremos, no importa.

No hay cola en las barcas, menos mal. Ninguna de las dos soportamos hacer cola.

Temía que no iba a saber manejarme con los remos. La última vez que cogí un remo de estos fue en El Retiro hace casi quince años, y no iba con niños, pero debe de ser como montar en bicicleta o liar porros, que no se olvida, porque en seguida le pillo el tranquillo otra vez.
A ver si no desnuco a ningún pato…

Soy un poco puñetera, sí. A la que la niña me dice que no me mueva mucho, que le da miedo, a mí me entran unas ganas irrefrenables de saltar y bambolearme. Y lo hago.
Se agacha, se acurruca al fondo de la barca y me suplica que pare con un terror tan divertido que salto más fuerte. Se parte de risa, me dice que ‘estoy tocada del bolet’ y a mí me entra la risa también. Ella se incorpora y empezamos a saltar las dos. Entre salto y salto me pregunta que qué pasaría si la barca se volcara y le digo que, lógicamente, nos caeríamos al agua, claro. 'Yo no sé nadar', me dice.
-Yo tampoco.
-¿Y nos ahogaríamos?
-Pues claro que sí. Aquí, si te caes al agua, te ponen una multa y además dejan que te ahogues.
Me mira muy seria. Lo de la multa tengo que claro que le importa un pito pero lo otro no. Continúo:
-Nos ahogaríamos y nos convertiríamos en patos.
Tuerce la boca y se pone en jarras, con las piernecitas abiertas para equilibrarse.
-¿Ves todos esos patos? –le digo y extiendo el brazo abarcando la población de patos del estanque-, pues es gente que se ha caído de las barcas y se ha ahogado. Durante el día tienen aspecto de pato pero por la noche, como el parque está cerrado, se convierten en zombis y montan fiestas.
Levanta una ceja, procesa la información, se ríe y, tocándose la sien con un dedo, dice:
-Susana, estás muuuuy tocada del bolet.
Nos entendemos.
Empezamos a perseguir patos, a chocarnos con otras barcas. Los adultos me miran con cierta reconvención; los niños, con sorpresa o susto o risa. Me doy cuenta de todo, faltaría más, pero hoy me he dejado el traje de adulta en casa. ¡Caca, culo, pedo, pis!
A veces me digo: 'Susanika, ¿y si te ve algún cliente haciendo monerías??? Tu reputación a la mierda'. Y yo misma me respondo: '¿Reputación? ¿Qué reputación?? Susanika, hija, que te ha visto todo el sector con fregonas en la cabeza...'

La veo venir… sé lo que pretende hacer… he visto la asociación de ideas dentro de su cabecita transparente… interpreto su sonrisa maliciosa y ese brillo en los ojos… le veo la intención y ella ve que yo lo sé, que sé qué va a ocurrir en los próximos segundos... pero no puedo hacer nada para evitarlo por dos motivos: 1, estoy ocupada intentando evitar una colisión lateral de nuestra barca contra una roca; 2, carezco de la autoridad moral necesaria para impedírselo.
Hace cuenco con las manos, las sumerge en el agua sucísima y me lanza un chorretón que me empapa de arriba abajo… ‘Es la venganza ¡¡por haberme hecho pasar miedo!!’ me dice riendo excitadísima por su osadía.
Me está bien empleado.
Los adultos de otras barcas mueven la cabeza de lado a lado muy serios; los cachorros mueven la cabeza de arriba abajo y sonríen de envidia.

Y ahora toca la merienda, dos bocatas más y una pieza de fruta. El parque va decayendo y hay algún claro en los parterres.
Tras las persecuciones, el pino puente, el sobeteo a todos los perros del parque, los bocatas llenos de pelos de perros sobeteados, hacer la croqueta sobre la hierba, hacer la croqueta sobre otros usuarios del parque, romperme una rótula y el pantalón contra una piedra, un pipi (suyo) entre los arbustos, la niña se ha emperrado en un globo, pero también en una chuche, también en el McDonalds, en otro Kinder Sorpresa, también en un helado, y también en una bola de esas que expenden unas máquinas y que tienen un juguete dentro, y también en ir al cine, en un bocata de Nocilla, otra vez en un globo, y en una chuche, etc, etc, etc. Y yo le digo que no, que hoy ya hemos subido a las barcas y ya ha comido un Kinder de los cojones (esto lo pienso pero no lo digo), que no es bueno comer tantas porquerías y que no se puede comprar todo.
-¿Por qué?
-Pues porque cuesta dinero.
-¿Y qué?
-¿Cómo que 'y qué'? Pues que tengo poco.
-Pues no lo pagues. El papa a veces no lo paga.
Vale. Bien. Cojonudo. Lo que me faltaba.
Al estado de inocencia propia de un niño hay que añadir que para ella las cosas no cuestan dinero, se pagan con entradas o tarjetas o simplemente no se pagan. Chimpún.
Aquí hay trabajo por hacer.



Enseñanzas extraídas hoy sobre la cría de cachorros humanos:
1ª La distancia no es una magnitud de espacio sino de voluntad.
La distancia se mide en Quieroíres, y es una unidad inversa, es decir, a más Quieroíres, más cerca. Da igual dónde esté el McDonald’s o la chucherería o el parque y dónde estemos nosotros, todo eso es relativo, sin embargo, el querer ir es absolutamente absoluto, y esto es aplicable también a la cuarta dimensión.

2ª Kinder es Dios y Kinder Sorpresa es su profeta, y yo soy la fucker monaguilla que no para de gastar los dineritos en huevos. Estoy hasta los mismísimos versión femenina.

3ª Las mudas y la ropa de repuesto nunca serán suficientes, ni aun llevando a rastras un baúl ropero.
Si llevas un pantalón, ensuciará dos. Si llevas dos, manchará los dos y, de propina, la camiseta. Si llevas recambios infinitos de pantalones y camisetas, se caerá a un estanque con las zapatillas y el abriguito puesto. Y si es verano y no lleva abriguito, elegirá caerse justo cuando le has dejado tu móvil para cazar un Pokémon.
Leía hace poco en alguna de esas webs de autoayuda largoplacista que la única manera de prever el futuro es creándolo tú mismo. Según esa teoría, las tardes de domingo con cachorros humanos se 'crean' al tomar las medidas de precaución.


4ª Los zombis no existen; Papá Nöel, los Reyes Magos, el Ratoncito Pérez y Elsa de Frozen, sí. Que exista Dios está por ver. Está intentando pasar el examen de la razón pero pinta mal y todo parece indicar que...

Si quieres saber más sobre esta historia, que se acabará convirtiendo en algo más, síguela en la etiqueta #CachorroDeHumano
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